La deuda pública elevada, el peso creciente de los fondos no bancarios y la velocidad de la tecnología pueden convertir la próxima crisis financiera en un reto mucho más difícil para los bancos centrales. Es la advertencia que ha lanzado este lunes Pablo Hernández de Cos, director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS), en un discurso en Viena centrado en cómo está cambiando la gestión de episodios de tensión en los mercados.
El mensaje llega en un momento especialmente sensible para Europa. Los rendimientos de la deuda soberana han repuntado, el diferencial entre Francia y Alemania ha vuelto a ampliarse y el euro ha sufrido presión por las dudas sobre las finanzas públicas francesas. Business Magazine analizó este mismo lunes cómo la deuda francesa del 119% del PIB está inquietando de nuevo al mercado.
La deuda pública complica la respuesta de los bancos centrales
El principal problema identificado por el BIS es que una deuda pública muy alta hace más difícil distinguir entre una disfunción temporal del mercado y una pérdida legítima de confianza en la solvencia de un Estado. Esa diferencia es crucial porque determina si un banco central debería intervenir o dejar que el mercado reajuste el precio del riesgo.
Hernández de Cos recordó que los bancos centrales han sido esenciales durante las grandes crisis de las últimas dos décadas. La crisis financiera global, la crisis de deuda soberana de la eurozona y la pandemia demostraron que las líneas de liquidez, los préstamos de emergencia y las compras de activos pueden impedir que una tensión puntual se convierta en una crisis sistémica.
Pero el entorno actual es distinto. El BIS señala que la deuda pública está cerca de máximos de la posguerra en numerosas economías avanzadas, mientras los déficits siguen siendo elevados y los gobiernos afrontan más gasto por envejecimiento, defensa e inversión.
| Cambio estructural | Riesgo para una futura crisis |
|---|---|
| Deuda pública elevada | Dificulta separar problemas de liquidez de dudas reales sobre sostenibilidad fiscal |
| Mayor peso de fondos y hedge funds | Puede amplificar ventas forzadas y estrés en bonos soberanos |
| Banca online y redes sociales | Aceleran retiradas de depósitos y difusión de rumores |
| Stablecoins | Podrían transmitir ventas rápidas de activos de reserva a los mercados monetarios |
| IA y negociación algorítmica | Pueden aumentar comportamientos de rebaño y movimientos sincronizados |
El dilema: estabilizar el mercado sin parecer que se financia al Gobierno
Cuando la deuda es elevada, incluso una intervención bien diseñada puede interpretarse como apoyo fiscal encubierto. Ahí aparece una de las tensiones más delicadas para bancos centrales como el BCE, la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra.
Si los bonos sufren una venta desordenada porque fondos apalancados necesitan liquidez, una compra temporal de deuda puede estar justificada para restaurar el funcionamiento del mercado. Pero si el aumento de rentabilidades refleja que los inversores creen que el déficit no es sostenible, intervenir puede trasladar el problema desde el Tesoro al balance del banco central.
Hernández de Cos insistió en que la disciplina fiscal es una condición previa para que estas herramientas sigan siendo creíbles. Cuando las cuentas públicas siguen una senda sostenible, el banco central tiene más margen para actuar sin que sus medidas parezcan dirigidas a abaratar artificialmente la financiación del Estado.
La advertencia es especialmente relevante para la eurozona porque el BCE opera sobre diecinueve mercados soberanos con perfiles fiscales distintos. Una intervención que estabiliza un país puede generar dudas políticas en otro.
Los fondos no bancarios concentran una parte creciente del riesgo
El segundo cambio estructural señalado por el BIS es el enorme peso adquirido por las instituciones financieras no bancarias. Fondos de inversión, fondos de pensiones, aseguradoras, hedge funds y otros vehículos ya son grandes tenedores de deuda pública en las economías avanzadas.
Su presencia aporta liquidez en periodos normales, pero también puede aumentar la velocidad de una crisis. Algunos fondos utilizan apalancamiento, financiación a corto plazo o estrategias que obligan a vender activos cuando sube la volatilidad.
El BIS cita episodios como la crisis de liquidez de marzo de 2020 en el mercado de Treasury estadounidense o las fuertes tensiones sufridas por el mercado británico de gilts en 2022. En ambos casos, el problema no nació en un banco tradicional, sino en la interacción entre activos soberanos, posiciones apalancadas y necesidades rápidas de efectivo.
Ese patrón afecta directamente a empresas y mercados. Una venta forzada de bonos soberanos eleva las rentabilidades y puede trasladarse inmediatamente al coste de financiación corporativa. Business Magazine ya explicó cómo un Treasury a diez años por encima del 5% presiona a bolsas, crédito e inversión empresarial.
Las crisis pueden moverse ahora a velocidad digital
La banca online y las redes sociales han reducido drásticamente el tiempo disponible para gestionar una crisis de confianza. Un rumor puede difundirse en minutos y los clientes pueden retirar depósitos desde el móvil sin necesidad de acudir a una sucursal.
La quiebra de Silicon Valley Bank en 2023 ya mostró cómo una comunidad conectada digitalmente podía acelerar una salida de depósitos a una velocidad inédita. Para los bancos centrales, ese cambio obliga a mantener herramientas de liquidez capaces de activarse con mucha rapidez.
El problema no es solo tecnológico. La velocidad altera también la comunicación. Un mensaje ambiguo de un supervisor, un ministro o un banco central puede amplificarse de forma inmediata y generar una reacción mucho mayor de la esperada.
Por eso el BIS considera que las autoridades deberán prestar más atención a la preparación previa. Tener reglas claras, canales de comunicación definidos y líneas de liquidez operativas puede ser más importante que diseñar medidas cuando la crisis ya ha comenzado.
Stablecoins: un riesgo pequeño hoy, pero potencialmente relevante
Las stablecoins todavía representan una parte limitada del sistema financiero global, pero el BIS advierte de que podrían convertirse en un canal de transmisión de estrés si crecen como medio de pago o reserva de valor.
Estos activos digitales prometen mantener una cotización estable frente a una divisa, normalmente mediante reservas invertidas en letras del Tesoro, depósitos u otros instrumentos de corto plazo. Si una stablecoin sufre reembolsos masivos, el emisor puede verse obligado a vender rápidamente esas reservas.
En un mercado tranquilo, esas ventas serían absorbibles. En una crisis, podrían aumentar la presión sobre los mercados monetarios justo cuando otras instituciones también necesitan liquidez.
La cuestión vuelve a ser la velocidad. El mercado cripto funciona las 24 horas y los reembolsos pueden ejecutarse de forma prácticamente instantánea, lo que obliga a reguladores y bancos centrales a pensar en mecanismos de contingencia diferentes a los del sistema financiero tradicional.
La inteligencia artificial puede aumentar los movimientos de rebaño
El BIS también introduce una advertencia nueva: el uso extendido de modelos de inteligencia artificial podría aumentar la sincronización de las decisiones financieras. Si muchos participantes utilizan modelos parecidos para gestionar riesgo, asignar carteras o ejecutar operaciones, pueden reaccionar al mismo tiempo ante una señal idéntica.
Los mercados ya conocen este fenómeno por la negociación algorítmica. La diferencia es que la IA puede extenderlo a más funciones: tesorería, gestión de liquidez, selección de activos o control de riesgos.
Esto no significa que la IA vaya a provocar por sí sola una crisis. El riesgo aparece cuando decisiones automatizadas similares se combinan con apalancamiento y falta de liquidez.
La cuestión conecta con otro debate empresarial que Business Magazine ha analizado: muchas compañías están incorporando IA con rapidez, pero solo una minoría consigue escalar sus proyectos según el plan original. En los mercados financieros, la adopción masiva podría tener efectos sistémicos antes de que existan marcos de gobierno plenamente maduros.
Qué implica para el BCE y la eurozona
Para el Banco Central Europeo, la advertencia del BIS llega en un entorno especialmente complejo. El BCE necesita contener la inflación sin provocar una fragmentación excesiva entre los costes de financiación de los distintos Estados.
La inflación de la eurozona volvió a repuntar y Business Magazine explicó cómo el 3,8% de inflación aumenta la presión sobre el BCE. Al mismo tiempo, Francia afronta dudas fiscales y Alemania sigue creciendo con lentitud.
Esto limita el margen para reaccionar a una crisis de deuda. Una política monetaria demasiado expansiva podría alimentar inflación, mientras que una política muy restrictiva puede empeorar el coste de financiación de los gobiernos y empresas.
La herramienta clave del BCE seguirá siendo su capacidad para diferenciar entre un problema de transmisión monetaria y un deterioro fiscal real. Esa evaluación será cada vez más difícil si los mercados se mueven con rapidez y los fondos no bancarios dominan una parte creciente de la demanda de bonos.
Qué deberían vigilar las empresas
Las empresas no necesitan anticipar una crisis financiera, pero sí deberían vigilar las señales que pueden trasladarse rápidamente a su coste de capital. Entre ellas destacan los rendimientos soberanos, los diferenciales de crédito, la liquidez bancaria y la evolución de los tipos oficiales.
Una crisis en el mercado de deuda pública puede elevar el coste de préstamos, bonos corporativos y líneas de circulante incluso para compañías con balances sólidos. También puede reducir la disponibilidad de crédito y aumentar la volatilidad de divisas.
Las empresas con mucha deuda a corto plazo son especialmente sensibles. Refinanciar en un momento de tensión puede resultar mucho más caro que hacerlo en condiciones normales.
El mensaje del BIS, por tanto, no es una predicción de crisis inmediata. Es una advertencia sobre un sistema financiero que ha cambiado de estructura y en el que los mecanismos tradicionales de estabilización pueden resultar más difíciles de usar.
Preguntas frecuentes
¿Qué ha advertido el BIS sobre la deuda pública?
El BIS considera que los niveles elevados de deuda pueden complicar la respuesta de los bancos centrales porque será más difícil distinguir una disfunción temporal del mercado de una pérdida legítima de confianza en la sostenibilidad fiscal de un país.
¿Por qué preocupan los fondos no bancarios?
Porque fondos de inversión, hedge funds y otras entidades poseen una parte creciente de la deuda soberana y algunos utilizan apalancamiento o financiación a corto plazo. En situaciones de estrés pueden verse obligados a vender activos rápidamente y amplificar los movimientos del mercado.
¿Qué papel puede tener la inteligencia artificial en una crisis?
El BIS advierte de que el uso de modelos de IA similares por muchos participantes podría aumentar el comportamiento de rebaño. Si múltiples sistemas reaccionan a las mismas señales, los movimientos de precios podrían acelerarse.
¿El BIS prevé una nueva crisis financiera?
No. El discurso no pronostica una crisis concreta. Analiza cómo la deuda, la estructura de los mercados y la digitalización pueden hacer más difícil gestionar futuras tensiones financieras cuando se produzcan.
¿Qué significa esta advertencia para las empresas?
Significa que una tensión soberana o de liquidez puede trasladarse rápidamente al crédito corporativo. Las empresas deberían prestar atención a vencimientos, liquidez disponible, exposición a tipos variables y capacidad de refinanciación.






